El Santo Cáliz y la leyenda de la Mare de Déu dels Desamparats

 

Si hay un lugar en toda Valencia capital cargado de leyendas e historias, esa es la Catedral de Valencia y sus alrededores. Lugar donde, a lo largo de los siglos, se han venerado a diferentes divinidades en las diversas culturas que por aquí han pasado. Lugar donde, seguramente, los Edetanos tenían su pozo sagrado y que, más tarde, romanos construirían el templo a la divinidad de Diana, siendo más tarde tener culto cristiano antes de la llegada de al-Ándalus; como también espacio de aquella Balansiya en la cual se erigió la Mezquita Mayor y donde, finalmente, los cristianos dedican a la Asunción de María.

Pero este lugar también esta ligado al llamado Grial, conocido también como el Santo Cáliz, aquel que reside en la preciosa sala que recibe el mismo nombre de la copa de la Última Cena de Jesucristo (Capilla del Santo Cáliz), lugar donde también podréis ver a uno de los lados de la pared las cadenas que cerraban el puerto de Marsella que fueron traídas por Alfonso V el Magnánimo en el siglo XV. Y es que las diferentes leyendas e historias que giran entorno al Santo Cáliz, hacen de él uno de los mayores reclamos turísticos para todo aquel que visita Valencia, incluso para aquellos quienes no depositan su Fe en el cristianismo. 

Capilla del Santo Cáliz. Fotografía de Diego Delso – CC BY-SA 3.0

Pero no solo esta gran reliquia o la Catedral, llena de grandes lugares para visitar como su Museo y recorrido subterráneo de la Valencia romana o alguna de sus joyas como la «Virgen del Buen Parto» o el brazo izquierdo de San Vicente Mártir, son lugares de obligada visita. También lo es la Real Basílica de Nuestra Señora de los Desamparados, erigida como templo para la imagen mariana de la patrona de Valencia, que recibe tal distinción desde la inauguración del templo en 1667. Sin embargo, este templo está lleno de misterios y enigmas que despiertan un gran número de interés en estudiosos del escepticismo religioso y de la cultura y los ritos valencianos. Resulta curioso, y bastante además, que el único mapa para descubrir lo que allí hubo antes de su construcción está totalmente intacto exceptuando esta zona, donde está borrado el edificio que allí se disponía. Este mapa se encuentra hoy en el Museo Histórico Municipal de Valencia.

Nobilis ac regia civitas Valentie in Hispania, 1608. Plano de Valencia de Antonio Mancelli. Foto valenciabonita.es

Debemos pues, fiarnos de las palabras de Joseph Vicente del Olmo, secretario del Santo Oficio de la Inquisición por entonces (que por cierto, su familia fue una de las más influyentes del Reino durante varias generaciones con el beneplacito de la Inquisición), quien deja testigo de las excavaciones, todos los tesoros romanos que allá se encontraron en su construcción y, lo más importante, que aquellas «casas», o conjunto, pertenecían al arcediano mayor, quien una de ellas disponía el escudo de los Mercader, tal y como se puede observar en «Lithologia o explicación de las piedras y otras Antiguedades halladas en las zanjas que se abrieron para los fundamentos de la Capilla de nuestra Señora de los Desamparados de Valencia» (de Joseph Vicente del Olmo, 1653). 

«Las cafas que para efta obra fe derribaron era de la Dignidad de Arcediano de Valencia, vivia en ellas por leerlo en año mil quatro cientos cincuenta y feis el Dotor Matias Mercader, y las reparó entoces, como fe colige de aver hallado fus armas en la puerta principal».

En esta misma obra se da todo tipo de detalles del inicio de los trabajos (abril de 1652), donde nos habla que la construcción de la capilla sobre los terrenos de la vivienda particular del que fuera arcediano mayor de la Catedral, fue debida a que dicho solar era el utilizado habitualmente por el Santo Oficio para sus celebraciones públicas en Valencia, y que era necesario buscar el traslado a un templo acorde a la devoción de la imagen gótica de la virgen que se encontraba en la Catedral desde 1623. La construcción fue debida a la gran devoción generalizada tras la epidemia de peste de 1646, cuando se le atribuyó el fin de la enfermedad y la curación del conde de Oropesa, virrey de la época, quien aceleró el proyecto de construcción de la basílica, el cual databa de 1644 y fue encargado finalmente al arquitecto Diego Martínez Ponce.

La realidad, según cuenta la leyenda popular valenciana, es que sobre este templo había una antigua caseta o morabito musulmán y que en su interior se guardaba una parihuela que transportaba a los muertos en su último viaje, siendo comandados estos enterramientos por una antigua cofradía de enterradores que, en buena voluntad, enterraba a los pobres y desgraciados que nadie enterraba. 

Al parecer, aunque en este lugar solo se guardaba una parihuela en tiempos de Balansiya y, posteriormente, en la Valencia cristiana una caja para el transporte de los muertos, acudían las personas para hacer demandas de sufragio (ayuda, favor o socorro), aún habiendo infinidad de templos cristianos intramuros por toda Valencia. Esto se hacía porque las gentes de aquella época pensaban que este lugar era mágico, pues albergaba el trasporte que conducía a las ánimas hasta su último viaje. Lugar que sin ser cristiano concedía favores y peticiones a las personas que acudían hasta allá para rezar.

Es en ese momento cuando la Iglesia se daría cuenta de tal hecho y tiene que poner fin a este culto que para nada le beneficia, otorgando la divinidad del lugar a la Mare de Déu dels Desamparats con los hechos antes relatados tras la epidemia de peste, teniendo la oportunidad única de levantar un templo a la Mare, a pesar de que la lógica nos hace preguntarnos porque no se mantiene la capilla en el interior de la Catedral (una ampliación o mejora) o, en su defecto, se traslada al antiguo Hospital General (hoy c/Hospital, 13), lugar donde existía veneración a la Mare de Déu por ser la imagen venerada para la Cofradía y el Hospital, la llamada «imatge que va sobre los cosos» (1426) o «Imatge de la Verge María e ab los Jhs al bras ab la creu al coll e Ignocents al peus e dos angels» (1451). Incluso antes de la construcción de la basílica se recogen «sugerencias» en la época para el traslado de la imagen hasta el antiguo Hospital, con una clara negativa de la Iglesia por entonces. 

Es esta misma leyenda la que explica que el fenómeno que se produce en la Ofrenda, donde tanto devotas como no creyentes que acuden sufren la llamada «Llumenà», no es más que una extensión de lo que allí ocurría hace siglos, cuando las valencianas acudían en peregrinación a la caseta de los enterradores para sus peticiones. 

Como todas las leyendas, es difícil saber si esta fue cierta o no (además de que nos es muy difícil intentar averiguar más cosas porque las actas de época están, en su mayoría, en latín), ya que como sabréis, las leyendas, que son narraciones populares que cuentan un hecho real o fabuloso, a veces son adornadas con elementos del folclore y transmitidas de forma. Lo que sí sabemos es que hay demasiadas casualidades, como un mapa borrado además de la poca información que hay, y tan solo del Santo Oficio.

No sabemos, sin embargo, si las peticiones y peregrinaciones son mayores, a lo largo del año en toda Valencia, que las de San Nicolás. Lo que sí sabemos es que «Nostra Mareta» es muy querida y visitada, ya que por eso es nuestra Patrona. 

Por cierto, no mencionaremos la leyenda de las Trescientas Doncellas porque a pesar de que la puerta de la Almoina sea digna de visita, esta leyenda no es más que una farsa para intentar de explicar la repoblación, tal y como nos cuentan desde catedralmedievaldevalencia.blogspot.com.es.

Si después de todas estas historias te quedas con ganas de más, puedes leer las que se ubican en Alicante en el blog de sendasyleyendas.com, las de Castellón en castellon-en-ruta-cultural.es o las de Valencia con lavalenciainsolita.com, además de que podéis encontraros decenas de cualquier provincia en los libros, por ejemplo, de Fernanda Zabala (Leyendas y tradiciones valencianas I y II).

 Fuente: Valencia Bonita

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